Una persona, volviendo, a su verdadera casa.

Una persona, completamente dormida.

 

 

 

Es decir, una persona, habitante, del sueño eterno, del reino de los cielos, el cielo, y la eternidad.

Es decir, una persona, plenamente feliz.

Es decir, una persona, que de una manera, totalmente indolora, y por medio, de un sueño, completamente racional, atraviesa un túnel, muy oscuro, a toda velocidad, y entra en contacto, cono, los seres luminosos, que habitan, en el cielo.

Es decir, una persona, convertida en un diamante, de simetría perfecta, invisible, a los ojos humanos.

Es decir, una persona, habitando, en su única, y verdadera casa, y por tanto, una persona, que deja de habitar, su falsa casa, en el interior del planeta tierra.

Es decir, una persona, habitando, en la casa del Dios, de la Biblia, o Padre, de Jesucristo, y Padre, de todos.

 

Javier Rubio Ortín

 

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