Unas personas, 100 %, pecadoras.
Supongamos, que, absolutamente, todas, las personas, que, desobedeciendo a Dios, habitan, los interiores tenebrosos, de unos veinte planetas del cosmos, entre ellos, el interior del planeta tierra, ignoraran, por completo, que son, en realidad, unos cosmonautas de Dios, viajeros, eternos, inmortales, por todo el cosmos, y con su única casa permanente, en la eternidad.
Pues bien, todas esas personas pecadoras, e ignorantes totales, de la verdad, cuando sufrieran, una cierta cantidad redentora, finita, de mal, de parte, de sus planetas respectivos, conciliarían un sueño, plenamente feliz, todos ellos, se harían, por tanto, una sola cosa con Dios, y posteriormente, serían purificadas, por el poder de Dios, de todo mal, proveniente de esos planetas del cosmos, al nacer, en forma de unos bebés, de otros cosmonautas de Dios, que desconocen, por completo, la existencia del mal.
Y por tanto, de esta manera, en esos interiores, de esos veinte planetas del cosmos, no quedaría, ningún rastro, de presencia humana, ni viva, ni muerta, y por tanto, de esa manera, el mal, dejaría de existir, en toda la vida humana, para siempre, y sin dejar, ningún rastro.
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment