Después, de la caída…
Es decir, después, de que, miles de personas, hombres, y mujeres, blancas, negras, amarillas, cobrizas, etc. etc., etc., cosmonautas de Dios, viajeros, libres, por el cielo, y por todo del cosmos, engañadas por el diablo, y desobedientes a Dios, invadieran, el interior tenebroso, del planeta tierra, hace, unos diez mil años…
Pues, se inició, inmediatamente, la redención sufrida del mal, de todas esas personas, invasoras, del interior tenebroso, del planeta tierra, es decir, todas esas personas, comenzaron, a repartirse, el mal, en raciones individuales, por medio, de sus vidas sufridas, en el interior, del planeta tierra…
Y cuando, una persona, terminaba de comerse, su ración correspondiente, del mal, redentora, o finalizadora del mal, esa persona, era salvada, por Dios, de su muerte cadavérica, después, era consolada por Dios, del mal sufrido, y después, posteriormente, era purificada, por Dios, de toda influencia, proveniente, del interior del planeta tierra, convirtiéndose, por tanto, esa persona, en un cosmonauta de Dios, eternamente joven, viajero, libre, eterno, e inmortal, por el cielo, y por todo el cosmos, que desconocía, por completo, la existencia, del mal, del interior tenebroso, del planeta tierra.
Y así, sin parar, desde hace diez mil años, hasta la actualidad, de manera, que, absolutamente, todas las personas, que han habitado, el interior del planeta tierra, a lo largo, de miles de años, pues, ahora, son, unos cosmonautas de Dios eternamente jóvenes, que, no saben, que es el mal, en sus gloriosas vidas, eternas, o inmortales, y habitan, por tanto, en una nueva creación, que, no conoce, que, es el mal, de los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos.
Javier Rubio Ortín
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