Y Jesucristo, se duerme, en la cruz…
Tras, exclamar, en la cruz:
“Consumado es”.
De tal manera, que su persona, deja de habitar, en el mundo, habita en el cielo, plenamente feliz, instantáneamente, y a la vez, todo su cuerpo, físico, enfermo, o herido, por su crucifixión, comienza transmutarse, todo él, en el futuro cuerpo, de un Jesucristo, completamente sano, por medio, de volverse, previamente, ese cuerpo, un diamante puro, invisible a los ojos humanos.
Porque, una persona, cualquiera, potencialmente, puede, dejar de vivir, en el mundo, y vivir, en su lugar, en el cielo, de una manera, instantánea, y sin sufrir, esa persona, ninguna enfermedad, de por medio, es decir, sin sufrir, esa persona, ninguna molestia, de por medio, en este tránsito.
Javier Rubio Ortín
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