Y Jesucristo…
Tras, su crucifixión, se transmutó, en un diamante, invisible a los ojos humanos, en lugar, de transmutarse, en los gases, de un cadáver, y por tanto, Jesucristo, tras su crucifixión, se salvó, en lugar, de morirse.
Y por este motivo, toda persona, que comulga, en Misa, no se envenena, con podredumbre, sino, que se alimenta, de inmortalidad.
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment