El final de mi redención.
Si a mi persona, Dios, le asignó, que, tenía que sufrir, (100), antes de nacer en el planeta tierra, pues, a lo largo, de 60 años, de vida mundana, mi persona, ya ha sufrido, (99, 9), y por tanto, ahora, a mi persona, solo le resta, por sufrir, (0, 1), nada más, para, poder olvidarse, de lo que es el mal-sufrimiento, para siempre, de una manera justa, es decir, según la justicia de Dios.
Y por tanto, mi persona, en breve, y por medio, del poder salvador, de Dios, dejará de habitar, el interior del planeta tierra, para siempre, y habitará, en su lugar, el interior de una nave de Dios, será purificada, por completo, de toda influencia, proveniente del interior del planeta tierra, o mal, por el poder de Dios, y se convertirá, por tanto, en un cosmonauta de Dios (Hijo de Dios), con su única casa permanente, en Dios-Padre, viajero, libre, eterno, inmortal, por todo el cosmos, y que ya no sabrá, nunca jamás, que, puede ser, eso, de la infelicidad, el sufrimiento, la enfermedad, la desgracia, la tribulación, la tristeza, etc., etc., etc.
Javier Rubio Ortín
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