El principio, y el final, de la existencia del mal, en la vida humana.
La vida humana, siempre, viajera, libre, por el cielo, y por todo el cosmos, por medio, de las naves de Dios, conoció, por primera vez, que, era eso, del mal, cuando, engañada, por una persona, trastornada por ese mismo mal (El diablo), y desobedeciendo, a ese Dios, invadió, de forma masiva, a los interiores tenebrosos, de unos veinte planetas del cosmos, como, por ejemplo, el interior tenebroso, del planeta tierra, es decir, unos lugares, totalmente inhóspitos, poblados, por millones de dinosaurios vivos (Si no lo impide, el poder protector de Dios).
Y esa misma, vida humana, deja, de conocer el mal, para siempre, cuando, esa vida humana, sufre, una cierta cantidad finita, de mal, de parte, de los interiores tenebrosos, de esos veinte planetas del cosmos, redentora, o liberadora del mal (Justicia de Dios), y después, huye, completamente viva, de los interiores, tenebrosos, de esos veinte planetas del cosmos, hacia las naves de Dios, para siempre.
Javier Rubio Ortín
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