Enterrar, a unas personas, completamente vivas.

Enterrar, a unas personas, completamente vivas.

 

 

 

Una persona, cualquiera, al final, de su estancia, en el planeta tierra, potencialmente, puede tener, dos destinos, completamente ajenos, entre sí:

1º Dormirse, en el reino de los cielos, sin ningún dolor, de por medio, por medio, de una fuerza implosiva, y volverse, invisible en el mundo, posteriormente.

2º Convertirse, en un cadáver agusanado, después, de una cruel agonía, por medio, de una fuerza explosiva, siempre visible, en el mundo.

En ambos, casos, la persona, en cuestión, deja de respirar, y deja de latirle, el corazón.

Pero, mientras, en el primer caso, la persona, en cuestión, no ha muerto, sino, que, se ha dormido, muy profundamente, y por tanto, esa persona dormida, potencialmente, podría despertar, de nuevo, a su vigilia, mundana, y contarles, a las demás personas, que ha soñado, mientras dormía, tan profundamente, en el segundo caso, en cambio, la persona, en cuestión, se ha muerto, realmente, y por tanto, en este segundo caso, es imposible, el que, esa persona, despierte, de nuevo, a su vigilia, mundana.

Ahora bien, el mundo ciego, y desinformado, no hace, ninguna distinción, entre las personas, del primer grupo, y las personas, del segundo grupo, y por tanto, el mundo, a toda aquella persona, que deja de respirar, y que deja de latirle, el corazón, la considera muerta, y por tanto, esta persona, es sepultada (o es incinerada), de manera, que no es de extrañar, que, en el mundo, se produzcan casos, en los que, se entierre (o se incinere), a unas personas, dormidas, muy profundamente, pero, eso sí, completamente vivas.

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