Igual, que la nación, maya.
Le pido, a Dios, que, con el fin del mundo, existan, muchas naciones del mundo, que tengan, el mismo destino final, que, el que tuvo, la nación maya, que, en tan solo, una noche, todos sus habitantes, fueron arrebatados, en cuerpo, y alma, por el poder de Dios, de la misma manera, que, Enoc, Elías, o la v. María, quedando, por tanto, sus ciudades, sin ningún rastro, de presencia humana, ni viva, ni muerta.
Javier Rubio Ortín
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