Jesucristo.

Jesucristo.

En un principio, Jesucristo, era, una persona, plenamente feliz (Jesucristo = Dios = Felicidad máxima), que, poco a poco, fue dejando, de ser, plenamente feliz, para volverse, poco feliz, en el vientre, de la v. María, y nacer, por tanto, en el planeta tierra (mundo), en forma, de un bebé.
Y al volverse, adulta, la persona de Jesucristo, fue enseñada, por el Espíritu Santo, de la Verdad, sabiduría de Salomón, o ciencia, que poseíamos, absolutamente, todas las personas, antes, de que, el conocimiento, del interior tenebroso, del planeta tierra, las volviera, ignorantes, a esas personas.
Pero, como, la enseñanza, de esta Verdad, fracasó en el mundo, estrepitosamente, a pesar, de realizar, Jesucristo, muchos milagros, Jesucristo, postergó, la enseñanza, de esta Verdad, en el mundo, para la futura venida, del profeta Elías.
Como, Jesucristo, sabía, muy bien, que, si se quería, liberar-redimir del mal, para siempre, de una manera justa, debía de sufrir, previamente, de parte del mundo, una cierta cantidad de mal, planificó, su propia crucifixión, por medio, de sus enemigos, los fariseos, y por medio, de su discípulo fiel, Judas Iscariote, para lograr su objetivo…
Y como, Jesucristo, deseaba pasar, a la historia, conocida del mundo, por medio, de sus enemigos, los fariseos, ocultó, a todos, su salvación, por medio, de la señal de Jonás, en medio, de unas grandes tinieblas, y un gran terremoto, mandados, por Dios-Padre.
Y una vez, liberado del mal, de una manera justa, Jesucristo, se dedicó, a desaparecer, y a aparecer, en el mundo, muchas veces, apareciendo, y desapareciendo, de las vidas, de sus discípulos, hasta su desaparición final, o ascensión.

Javier Rubio Ortín

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