La parábola, del hijo pródigo.

La parábola del hijo pródigo.

Dios, a todos sus Hijos, y a todas sus Hijas, les ha permitido, siempre, el viajar, libremente, por todo el cosmos, y por el cielo, pero, también, les ha prohibido, a esos Hijos, y a esas Hijas, el conocer los interiores tenebrosos, de unos planetas del cosmos, poblados, por millones de dinosaurios vivos, el conocer, los interiores de unos planetas, del cosmos, gaseosos, como, por ejemplo, el planeta venus, el habitar, los interiores de los soles, y el viajar, hacia el final, del cosmos…

Pues bien, la parábola, del hijo pródigo, narra la historia, fabulada, de un Hijo de Dios, que, por causa, de conocer el mal, de una forma deficiente, se empeñó, en saltarse, la prohibición del Padre, acerca del mal, y habitar, por tanto, el mal del interior tenebroso, del planeta tierra, tras abandonar, su vida, aprobada por el Padre, y viajera, libre, por todo el cosmos, por medio, de las naves de Dios, u ovnis piramidales….
Pues bien, ese hijo pródigo, tras habitar, el interior tenebroso del planeta tierra, durante un cierto tiempo, llegó a conocer, el mal, de forma perfecta, y por tanto, se arrepintió, de haber desobedecido, a la prohibición de su Padre, y tras terminar de redimirse, del mal, por medio, de su vida sufrida, en el planeta tierra, ese hijo pródigo, volvió, de nuevo, al cielo, o a la casa del Padre, y ese Padre, al ver, a su Hijo, volver a Él, totalmente arrepentido, de haberlo, desobedecido, se llenó, de una gran alegría, lo purificó por completo, del mal, y lo convirtió, de nuevo, en un Hijo suyo (Cosmonauta), viajero, libre, por el cielo, y por todo el cosmos, que ya no recordaba, nada en absoluto, al mal, del interior tenebroso, del planeta tierra.

Javier Rubio Ortín

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