¡¡¡Maldito, quien confíe, en el hombre!!!
Eso tiene, que exclamar, primeramente, toda aquella persona, que aspire después, a:
1º Alcanzar, su propia inmortalidad, o ausencia de cadáver.
2ª Alcanzar, la inmortalidad, de otras personas, o las ausencia de cadáveres, por parte, de esas otras personas.
3º Huir del planeta tierra, completamente viva, y volverse, después, viajera, libre, por todo el cosmos, siempre, dentro de su propia mente, y por medio, de las naves de Dios.
4º La resurrección, de una persona, muerta.
5º La liberación, justa, del mal, por medio, de su vida sufrida.
¡¡¡Y poner, por tanto, su confianza, únicamente, en la misericordia infinita, de Dios!!!
Javier Rubio Ortín
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