Mi ordenador.
Existe, sí, y solo sí, lo piensa, una persona, testigo, al menos, en forma, de unas ideas, más, o menos, felices.
Porque, si a mi ordenador, no lo pienso yo, ni tampoco, lo piensa, ninguna, otra persona, pues entonces, en ese caso, mi ordenador, no existe, en ningún lugar, o mi ordenador, no existe, en ese caso.
Javier Rubio Ortín
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