No conocer, la muerte, jamás.

No morir, nunca jamás.

 

 

 

 

 

 

 

 

Eso, le sucede, a toda persona, que cree, en Jesucristo, verdaderamente….

 Es decir, esa persona, que cree, en Jesucristo, no se convierte, en un cadáver, jamás, sino, que su cuerpo físico, se vuelve, invisible, en el mundo, como, el cuerpo de Enoc, al volverse, ese cuerpo, un diamante, de simetría perfecta, invisible, a los ojos humanos.

 

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