¿Qué éramos, todas las personas, hace, diez mil años?
Pues, unos cosmonautas de Dios (Hijos, e Hijas) (Los atlantes, según Platón), que teníamos, nuestra única casa, permanente, en Dios-Padre, y que, después, nos dedicábamos, a viajar, por todos los exteriores, de todos los planetas del cosmos, por medio, de las naves de Dios, pero, que desconocíamos, por completo, el mal, de la creación, es decir, que desconocíamos, por completo, el mal inevitable, que, nos supondría, el habitar, en los interiores tenebrosos, de unos planetas del cosmos, como, por ejemplo, el planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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