Todos, sacerdotes, eternos, según el orden de Melquisedec.
Es decir, todos, unos cosmonautas de Dios, eternos, inmortales, viajeros, libres, dentro de sus propias mentes, por todo el cosmos, por medio, de millones de naves, con nuestra única casa permanente, en Dios-Padre, eso si, aterrizados, transitoriamente, en el interior del planeta tierra, pero, solamente, con el objetivo único, de concluir, nuestras redenciones sufridas del mal, es decir, sin ascendientes, en ese interior, del planeta tierra, y sin dejar, descendientes, en ese interior, de ese planeta tierra, al que finalmente, abandonamos, completamente vivos, para continuar, nuestra vida, nómada, viajera, eterna, o inmortal, por todo el cosmos, que solo tiene, su única casa, permanente, en Dios-Padre.
Es decir, todos, hermanos, y hermanas, de Jesucristo, el sumo sacerdote de Dios, según el orden, de Melquisedec.
Javier Rubio Ortín
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