Una persona, habitante del mundo, le pide a Dios, justicia.

Una persona, habitante del mundo, le pide a Dios, justicia.

 

 

 

¿Y que hace, Dios?

Pues, Dios, escucha, la oración de esa persona, y por tanto, Dios, le manda, a esa persona, el sufrimiento, que le queda, por cumplir, todavía, en el mundo, para poder olvidarse, de lo que es, el sufrimiento, para siempre, o de una manera definitiva, dentro, de su vida eterna, inmortal o incorruptible, de un Hijo de Dios, viajero, libre, por todos el cosmos, totalmente purificado, de toda influencia del planeta tierra, o mundo.

 

 

 

Javier Rubio Ortín

 

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