Unos pobres cosmonautas, maltratados, por el interior tenebroso, de un planeta del cosmos.

Unos pobres cosmonautas, maltratados cruelmente, por el interior tenebroso, de un planeta.

 

 

 

Es decir, unos cosmonautas de Dios, hombres, y mujeres, en un principio, viajeros, libres, eternos, inmortales, libres de todo mal, por todo el cosmos, y con su única casa, permanente, en Dios-Padre, maltratados cruelmente, por causa, de sus aterrizajes, transitorios, en los interiores tenebrosos, de unos veinte planetas del cosmos, entre ellos, el interior tenebroso, del planeta tierra.

Y por tanto, unas personas, hombres, y mujeres, completamente desnaturalizadas, por causa, de los interiores tenebrosos, de esos planetas del cosmos.

Y por tanto, unos cosmonautas, que, en muchos casos, y a causa, del mal, generado, por los interiores tenebrosos, de esos planetas del cosmos, ya se han olvidado, por completo, de que son, en realidad, esos cosmonautas, viajeros, libres, por todo el cosmos, y llevan por tanto, unas vidas, completamente animalizadas.

Es decir, unas pobres personas, caídas, en el mal.

Es decir, unas pobres personas, perdidas, o extraviadas, en el mal.

Pero, unas personas, a las que, el poder salvador de Dios, no las olvidará, nunca, y por tanto, ese poder de Dios, las libra, a esas personas, del mal, que es, todo el interior tenebroso, de ese planeta, y las libra, asimismo, también, de una muerte cadavérica, segura, por medio, de sus invisibilidades, en el cosmos, y sus visibilidades, en el cielo.

 

 

Javier Rubio Ortín

 

 

 

 

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